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La Estructura Apostólica en la Guerra Espiritual Profética del Nuevo Milenio El diseño divino para el gobierno de la Iglesia está definido en el Nuevo Testamento y es manifiesto en la práctica por los primeros apóstoles y discípulos, según vemos en diversos pasajes del libro de los Hechos. La estructura (o columna vertebral del Cuerpo) del Templo del Espíritu Santo, la Iglesia, está determinada por Dios y revelada en Efesios 4:11.  El apóstol Pablo define allí que el Señor Jesús dejó a la Iglesia cinco oficios o ministerios principales en jerarquía, ejercicio ministerial y gobierno. Estos son los dones de la Ascensión o Dones -Hombre,  dados por Cristo a Su Pueblo para que éste sea madurado, equipado y perfeccionado por ellos. La unción de cada ministerio y el sano ejercicio de su oficio, traería madurez, seguridad, estatura y poder a la Iglesia. Su ausencia, solamente la debilitaría. La Iglesia Primitiva  y los primeros cristianos, adoptaron este modelo apostólico de gobierno y revolucionaron al mundo de su tiempo.  Los Apóstoles y Profetas, les dieron el fundamento y el infierno tembló con ellos. Dios al ver levantada Su estructura de gobierno apostólico, les honró y los llenó con Su Gloria. Al morir Juan, el Apóstol Amado, último de los denominados Apóstoles del Cordero, los apóstoles gobernantes de la Iglesia fueron siendo sustituidos por administradores sin la unción o llamado del apóstol y la victoria lograda no se pudo mantener. Cuando encontramos a hombres y mujeres de Dios en alineamiento bajo el orden apostólico, la estructura babilónica del diablo no prevalece y cae. Por eso hoy, en el Siglo XXI, la estrategia de Dios son las “Redes Apostólicas” para derribar al enemigo.  No importa dónde esté el lugar de la batalla, si la Estructura Apostólica está en pie, el enemigo y su poder caerá. Cuando la Estructura Apostólica está en pie,  la estructura falsa se viene abajo. Lo “Apostólico” se trae abajo a Jezabel. La Iglesia de Jesucristo por 18 siglos ha sido movida y gobernada por maestros y administradores.  Ellos han sido y son importantes, pero no podemos negarlo, la Iglesia lo ha hecho todo al revés. Pablo en II Cor 12: 28, establece que, primeramente son los apóstoles, luego los profetas. La  Iglesia debe ser ordenada hoy. En el pasado, muchos funcionaron como apóstoles sin título ni reconocimiento alguno, pero la historia registra la trascendencia de sus ministerios con una fe y unción sobrenatural que produjeron cambios radicales en las estructuras de la sociedad a la cual impactaron. La realidad es que Dios no nos dejó sin apóstoles, aunque, lamentablemente, ellos no desarrollaron todo su llamado, pues no conocían el mismo a fondo. Hoy es necesario que los que han sido llamados como apóstoles lo sepan.  Muchos apóstoles hoy, no usan el nombre o título de su oficio ministerial.  Esto sólo restringe y limita el ministerio. Al no usar el término “Apóstol”, la unción no opera en todo su potencial.  La unción fluye con más poder al usar correctamente el título bíblico de “Apóstol” para un hombre que es llamado por Dios a ese ministerio. Aunque lamentablemente algunos se han contagiado de una fiebre de “apostolitis aguda” buscando mas un titulo o una posición jerárquica, pretendiendo ser mayores y mejores que los otros ministerios; algunos se han autonombrado sin tener el reconocimiento de la Iglesia del Señor; siempre que Dios establece una verdad, Satanás levanta un paralelo falso para distorsionar lo legitimo; pero el hecho de que algunos obren incorrectamente, no quiere decir que lo apostólico es incorrecto. La Iglesia ha tenido hombres que Dios quería que fueran apóstoles y funcionaran como tales, pero ellos no quisieron. Al establecer el orden divino, podemos desplazar y anular al diablo de un territorio. El orden apostólico debe ser restaurado otra vez.  La Guerra Espiritual Profética y Estratégica del Nuevo Milenio tiene que ver con eso. En los próximos años, el Espíritu Santo, hará profundos cambios en la Iglesia.  La potestad de las tinieblas, verdaderamente, se está cayendo. EL TIEMPO DE LO APOSTOLICO HA LLEGADO. Todo nuevo mover de Dios se inicia con poder pero también con incomprensiones de algunos y errores de otros.  Es bueno que sepamos que no todo lo que brilla es oro.  El siguiente tema es preventivo  y a la vez te ayudará a entender lo que pasa,  para que ores al Señor y se derriben los obstáculos al mover apostólico. El problema son algunos Apóstoles… “No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como  a hijos míos amados. Porque aunque tengáis diez mil  ayos en Cristo; no tendréis muchos padres, pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio. 1 Corintios 4: 14, 15. Hoy en día el mover apostólico se ve amenazado por lo siguiente 1-     Inmadurez de muchos apóstoles (en realidad les falta discipulado y formación del carácter apostólico) 2-     Celos de algunos apóstoles verticales tradicionales (les llamamos así a los líderes de su propio concilio o grupo que no ven la posibilidad de que se levanten otros apóstoles junto a ellos. 3-     Falsos apóstoles quienes se auto nombran como tales, sin testimonio ni señales apostólicas. 4-     Ignorancia de la función apostólica en la Iglesia. Falta del revelación del genuino trabajo del Apóstol en la Iglesia. 5-     Falta de humildad de algunos apóstoles para ser enseñados por otros de más experiencia. Es necesario recordar que en todo mover genuino de Dios, Satanás levanta un paralelo falso y se empeña a toda costa en desvirtuarlo. Este mover apostólico fresco tiene valores genuinos extraordinarios, pero la inmadurez de muchos, su precipitación en el llamado y su afán de posición y reconocimiento, son un gran estorbo. Lo malo no elimina lo genuino y correcto. Después de varios años observando el oficio de Apóstol, sabemos que muchos que se llaman apóstoles no lo son y no tienen señales que avalen su oficio. Pero también  hemos visto apóstoles verdaderos en operación y hemos visto el poder sanador de Cristo al corazón de la Iglesia.